Suena el timbre y abro la puerta de mi rincón. Bienvenid@. Pasa por favor. Aqui estamos, dispuestos a pasar un buen rato. Ese rato que necesitamos a menudo. Despues del trabajo o los quehaceres diarios. Un lugar para leer o escribir un relato de lo que tu quieras, para comentar una anecdota, para contar la noticia del día, en general para relajarte, oir un poco de música y tomar un buen té. ¿te apetece?
domingo, 18 de julio de 2010
miércoles, 14 de julio de 2010
La visita (4ª parte)
Ella volvió a la orilla del lago. Yo tenía ganas de darme un baño en las tranquilas, frescas, ondulantes y brillantes ondas que la cascada provocaba en la superficie del agua. Así lo hice. Me acerqué a la orilla y lentamente me sumergí en el agua. Nadé de un lado a otro inmerso en aquel líquido refrescante. Mientras, en la orilla, Ella me observaba. Una ligera brisa anunciaba que la tarde pronto sería noche. Entonces me dirigí hacia la orilla. Ella me saludó con su sonrisa y yo me senté a su lado.
Chenzhen: Hola
Ella: Hola Chen
Chenzhen: Este es el lugar del que te hablé, ¿que te parece?
Ella: Es un lugar muy bonito. Parece sacado de una película.
Chenzhen: Si, he pensado en rodar una... pero para eso tendría que traer aquí a un gran equipo de producción y, sinceramente, eso es mucha gente para este lugar. Ya no sería lo mismo. (Me sonrio)
Ella: Me gusta mucho la cascada. Uffff, ha sido un día agradable. El olor del ambiente, el lago, ahhh, y la fruta... gracias (se sonrie)
Chenzhen: De nada.
Ella: Me ha sorprendido algo Chen.
Chenzhen: Cuentame que es.
Ella: No sabía que fueras diseñador de ropa de baño, jajajajaja.
Chenzhen: jajajaja. Ha decir verdad... no lo sabía ni yo mismo. (silencio). Bueno, va anochecer.
Ella: Si y me parece que por aquí no hay hotel, ¿verdad? (se sonrie)
Chenzhen: Así es. Mi Rincón no es precisamente la Riviera Maya, pero seguro que en algún lugar podremos pasar la noche. ¿vamos?
Ella: Si , vamos.
Recogimos la fruta que aun sobraba y nos pusimos en marcha. Nos dirigiamos, a través del bosque, a un lugar que solía frecuentar en mis visitas a este lugar. Estaba no muy lejos de donde nos encontrabamos, en lo alto de una roca plana cerca del naciente de uno de los arrollos que confluyen en la cascada del lago. Por el camino fuí proveyéndome de algunas hojas de palma y ramas secas.
Al llegar se ve en primer lugar una estructura de troncos. Es mi habitáculo. Una pequeña cabaña a base de troncos de madera superpuestos, cuyo tejado he de renovar con hojas de palma que traigo del bosque, ya que a veces la brisa fuerte que atraviesa la montaña se lleva consigo algunas de ellas. No tiene puertas, pues es improbable que alguien pueda acceder hasta aquí.
Chenzhen: Bueno, hemos llegado. Pasa, estás en tu casa.
Ella: ¡¡Vaya!!, que casita tan acogedora. ¿La has hecho tu?
Chenzhen: Si. La hice para poder pasar aquí el tiempo que quiera y no tener que estar bajando continuamente al bosque en busca de víveres. Además, si te asomas a la ventana, las vistas son .... descubrelo tu misma.
La cabaña no era mayor que la habitación de mi casa real. Frente a la entrada habían dos amplias ventanas. Ella se asomó y quedó hipnotizada a la vez que sorprendida por el espectáculo natural que percibió con sus ojos. Desde la altura se divisaba un gran bosque que se extendía hasta el horizonte. Un bosque moldeado por los numeroso valles que dibujaban las colinas y las fracturas del terreno. A la izquierda el Sol iba guardando su luz y su calor en un atardecer naranja. A la derecha un imponente volcán inactivo se alzaba erguido y vigilante de cuanto acontecía en aquel paraje.
Ella, despues de unos largos minutos, se volvió al interior y me dijo:
Ella: Chen ¡¡Es impresionante!! Este lugar en precioso.
La expresión de su rostro y la energía de sus palabras daban cuenta de que se había quedado impactada por la belleza del entorno. De nuevo se asomó a la ventana para ver como el Sol se despedía dando las buenas noches, no solo al bosque, al cielo o al volcán, también a nosotros que pronto descansaríamos tras un día colmado de actividad y emociones varias.
La cena. Estabamos hambrientos. El menú consistía en una ensalada variada, lechuga, zanahoria, piña, pepino, tomate con aceite de coco y vinagre de manzana. Por otro lado, un rico salmón ahumado, hecho en el fuego junto a la chimenea, que predí con las ramas secas que me había traido del bosque. En una esquina de la cabaña una enorme jarra contenía agua fresca que había llenado junto al arrollo.
La noche salpicó el cielo de estrellas. Estabamos ya acostados mirando al cielo. Un amplio espacio del tejado donde aún no había puesto las hojas de palma, permitía ver la bóveda celeste de manera nítida. Allí estabamos, en una cabaña perdida en aquel paisaje único, mirando al cielo y dejando fluir la conversación que por momentos afloraba entre las estrellas y nuestros pensamientos.
Despues de un rato y sin darnos cuenta, recibimos una visita. Se presentó con un vestido largo. Podíamos verlo pero no tocarlo. Estaba iluminado y parecía como si su composición fuera una seda celestial. Miramos a traves de la ventana y la vimos. Era redonda y luminosa. Tenía una pecas graciosas en su rostro. Se llamaba Luna. Allí estaba saludando a las buenas noches. Ella y yo nos miramos, nos sonreimos y alzando las manos dijimos a la par ¡¡Buenas noches Luna!! Esto fue acompañado de nuevo por unas leves risas, posiblemente tejidas por la felicidad y el bienestar que llevabamos sintiendo durante nuestra estancia en este imaginario Rincón.
Chenzhen: Hola
Ella: Hola Chen
Chenzhen: Este es el lugar del que te hablé, ¿que te parece?
Ella: Es un lugar muy bonito. Parece sacado de una película.
Chenzhen: Si, he pensado en rodar una... pero para eso tendría que traer aquí a un gran equipo de producción y, sinceramente, eso es mucha gente para este lugar. Ya no sería lo mismo. (Me sonrio)
Ella: Me gusta mucho la cascada. Uffff, ha sido un día agradable. El olor del ambiente, el lago, ahhh, y la fruta... gracias (se sonrie)
Chenzhen: De nada.
Ella: Me ha sorprendido algo Chen.
Chenzhen: Cuentame que es.
Ella: No sabía que fueras diseñador de ropa de baño, jajajajaja.
Chenzhen: jajajaja. Ha decir verdad... no lo sabía ni yo mismo. (silencio). Bueno, va anochecer.
Ella: Si y me parece que por aquí no hay hotel, ¿verdad? (se sonrie)
Chenzhen: Así es. Mi Rincón no es precisamente la Riviera Maya, pero seguro que en algún lugar podremos pasar la noche. ¿vamos?
Ella: Si , vamos.
Recogimos la fruta que aun sobraba y nos pusimos en marcha. Nos dirigiamos, a través del bosque, a un lugar que solía frecuentar en mis visitas a este lugar. Estaba no muy lejos de donde nos encontrabamos, en lo alto de una roca plana cerca del naciente de uno de los arrollos que confluyen en la cascada del lago. Por el camino fuí proveyéndome de algunas hojas de palma y ramas secas.
Al llegar se ve en primer lugar una estructura de troncos. Es mi habitáculo. Una pequeña cabaña a base de troncos de madera superpuestos, cuyo tejado he de renovar con hojas de palma que traigo del bosque, ya que a veces la brisa fuerte que atraviesa la montaña se lleva consigo algunas de ellas. No tiene puertas, pues es improbable que alguien pueda acceder hasta aquí.
Chenzhen: Bueno, hemos llegado. Pasa, estás en tu casa.
Ella: ¡¡Vaya!!, que casita tan acogedora. ¿La has hecho tu?
Chenzhen: Si. La hice para poder pasar aquí el tiempo que quiera y no tener que estar bajando continuamente al bosque en busca de víveres. Además, si te asomas a la ventana, las vistas son .... descubrelo tu misma.
La cabaña no era mayor que la habitación de mi casa real. Frente a la entrada habían dos amplias ventanas. Ella se asomó y quedó hipnotizada a la vez que sorprendida por el espectáculo natural que percibió con sus ojos. Desde la altura se divisaba un gran bosque que se extendía hasta el horizonte. Un bosque moldeado por los numeroso valles que dibujaban las colinas y las fracturas del terreno. A la izquierda el Sol iba guardando su luz y su calor en un atardecer naranja. A la derecha un imponente volcán inactivo se alzaba erguido y vigilante de cuanto acontecía en aquel paraje.
Ella, despues de unos largos minutos, se volvió al interior y me dijo:
Ella: Chen ¡¡Es impresionante!! Este lugar en precioso.
La expresión de su rostro y la energía de sus palabras daban cuenta de que se había quedado impactada por la belleza del entorno. De nuevo se asomó a la ventana para ver como el Sol se despedía dando las buenas noches, no solo al bosque, al cielo o al volcán, también a nosotros que pronto descansaríamos tras un día colmado de actividad y emociones varias.
La cena. Estabamos hambrientos. El menú consistía en una ensalada variada, lechuga, zanahoria, piña, pepino, tomate con aceite de coco y vinagre de manzana. Por otro lado, un rico salmón ahumado, hecho en el fuego junto a la chimenea, que predí con las ramas secas que me había traido del bosque. En una esquina de la cabaña una enorme jarra contenía agua fresca que había llenado junto al arrollo.
La noche salpicó el cielo de estrellas. Estabamos ya acostados mirando al cielo. Un amplio espacio del tejado donde aún no había puesto las hojas de palma, permitía ver la bóveda celeste de manera nítida. Allí estabamos, en una cabaña perdida en aquel paisaje único, mirando al cielo y dejando fluir la conversación que por momentos afloraba entre las estrellas y nuestros pensamientos.
Despues de un rato y sin darnos cuenta, recibimos una visita. Se presentó con un vestido largo. Podíamos verlo pero no tocarlo. Estaba iluminado y parecía como si su composición fuera una seda celestial. Miramos a traves de la ventana y la vimos. Era redonda y luminosa. Tenía una pecas graciosas en su rostro. Se llamaba Luna. Allí estaba saludando a las buenas noches. Ella y yo nos miramos, nos sonreimos y alzando las manos dijimos a la par ¡¡Buenas noches Luna!! Esto fue acompañado de nuevo por unas leves risas, posiblemente tejidas por la felicidad y el bienestar que llevabamos sintiendo durante nuestra estancia en este imaginario Rincón.
viernes, 2 de julio de 2010
La visita (3ª parte)
La oscuridad se tornó en luz. Vinieron a mi los sonidos de aquel mágico lugar. Abrí los ojos y pude ver el espectáculo que el oído me había descrito en mi visita anterior.
La cascada era como de unos 15 metros de altura. Salía de lo alto de las rocas y terminaba en un lago de aguas transparentes. El agua tenía un color azulado que brillaba por efecto del sol, gracias a que el cielo estaba despejado, sin una nube. A mi alrededor habían flores y plantas con hojas y pétalos de muchos colores, unos colores llenos de vida que cautivaban por sus tonos azules, naranjas, rojos, verdes... Tras estas estaban unos arbustos que daban paso a un frondoso bosque de distintas especies.
Me adentré un poco en el bosque. El sonido del agua de la cascada era ahora un pequeño murmullo. Me acosté en el suelo y me quedé mirando las copas de los árboles. Los rayos de sol jugaban con las ramas. Unas veces los tapaban y otras los dejaban pasar. Una ligera brisa trajo consigo una melodía de hojas y ramas entre los arboles que aportaban una sensación de calma, de frescor y de vida. De fondo podía escuchar aun el murmullo de la cascada que era el complemento perfecto a la melodía del bosque.
El agua del lago emitió un sonido discordante. Yo me percaté de ello. Me levanté casi de un salto y corrí hacia la cascada. ¿que había sido aquel sonido? Quería descubrirlo.
Llegué cerca del borde del lago. Aparté unos arbustos sin hacer ruido y miré hacia el agua. Unas ondas nuevas aparecieron en la superficie del lago. Parecía que la orientación de aquellas era equivocada porque iban en contra de las ondas que fluían de la caída del agua de la cascada. Me quedé observando. De repente, surgió a la superficie una figura. Pude ver como su pelo negro y largo emergía lentamente desde el fondo del lago. Estaba de espaldas. Con sus manos escurrió el agua de su pelo. Este dejó paso a la visión de sus hombros.¿quien era aquella mujer? ¿que hacía en mi lago? ¿porqué estaba en mi lugar imaginario?
No tardé en percatarme que se trataba de Ella, de mi huesped. Aún así, me mantuve tras los arbustos. Ella estaba allí. Nadaba plácidamente. Se sumergía en el agua y emergía de nuevo. Sus hombros parecían de oro por el brillo del sol en la piel. Verla así, tranquila, disfrutando del baño, del agua, del sol, de si misma, me hizo sentir bien. Yo parecía un arbusto. Uno más de los que junto a las flores y las plantas observábamos la belleza de sus movimientos. La brisa pasó por mi lado y me silvó al oído que... era hora de comer.
Así era. Lentamente me retiré de mi posición. Tenía que buscar algo de comer, no solo para mi, también para Ella. Fue así como me adentré en el bosque. Tenía ganas de correr. Estaba ciertamente sorprendido por la presencia de Ella y eso me proporcionó un estímulo extra para mi búsqueda de alimento. Comencé la carrera entre los arboles. Me sentía lleno de fuerza de y vitalidad. Salté sobre las piedras y troncos que salían a mi encuentro, las ramas se apartaban a mi paso, la brisa refrigeraba el esfuerzo de mi cuerpo y mi energía lejos de agotarse aumentaba. Mis sentidos funcionaban al cien por cien. Mientras corría vi a lo lejos un claro entre el bosque. Me dirigí allí sin parar de correr. Cuando llegué encontré algunos arboles frutales. Estaban distribuidos entre las diferentes especies del bosque, de forma natural. Había de todo. Me acerqué a una platanera. Del tronco arranqué un poco de corteza que entrelacé, para hacer un recipiente para la fruta. Estuve allí recolectando lo necesario para los dos. Una vez que tenía lo que quería me encaminé rumbo al lago.
De manera sigilosa, me acerqué a los arbustos. Miré en el lago, pero Ella no estaba. ¿a donde había ido?. Algo se movió en la orilla. Ella estaba tumbada en la arena, boca abajo. Tomaba el sol. La imagen se grabó en mi retina. Su desnudez formaba parte de aquel paraíso. Pude observar como el agua del lago intentaba rozar uno de sus pies con el impulso de las ondas del agua. La brisa hacía flexible las ramas de la plantas, para de esta forma intentar llegar a su pelo o a su piel. Entonces se me ocurrió una idea. Me fui a un extremo del lago. Puse el recipiente con la fruta en el agua. Lo empujé hasta donde estaba Ella. Rápidamente me oculté entre los arbustos y esperé. El recipiente navegó entre las aguas. Su dirección era correcta, pero comenzó a desplazarse un poco por efecto de la caída de la cascada. ¡ Madición!. Tenía que improvisar algo. Me acerque de nuevo a la orilla deslizándome por el suelo. Me metí en el agua con lentitud casi como un cocodrilo. Me sumergí hasta llegar al recipiente de fruta. Despacio lo empujé hacia ella y con rápidez me sumergí hasta llegar detrás de la caída de la cascada. El recipiente de fruta llegó hasta unos de sus pies. Ella se incorporó para mirar que era lo que la había rozado. La fruta estaba fresca, incluso algunas gotas de agua la habían salpicado. Habían kiwis, platanos, uvas, fresas, melocotón aguacate, piña... Yo intentaba ver si el recipiente había llegado hasta Ella, pero el agua de la cascada me lo impedía. ¿como iba a salir de allí sin que me viera?
Yo estaba en un pequeño hueco en el interior de la cascada. El sol no llegaba hasta allí. Apollé mi mano en una roca y noté que una piedra estaba suelta. Entonces se me ocurrió un plan. Cogí la piedra en la mano y la tiré hacia el bosque con todas mis fuerza, atravesando el lateral de la cascada. La piedra golpeó el tronco de un árbol. El sonido llamó su atención. Se levantó y escuché como atravesó los arbustos para ir a ver que era lo que provocó aquel ruido. Yo aproveché el momento. Me sumergí en el agua y llegué hasta la orilla de donde había partido. Me oculté tras los arbustos y accedí al bosque. Mientras, Ella regresaba a la orilla, pues no había visto nada anormal.
El tiempo que estuve en la cascada hizo que me diera cuenta de que tenía que prepararme para la noche. No tenía ningún tipo de abrigo, así que además de esto tendría que ir pensando en buscar algún refugio o cobijo. Por otro lado también quería buscar algo para Ella. Fue así como cogí unos tallos de una trepadora de arboles y unas cuantas hojas grandes. Con las lianas y dos hojas hice una especie de sujetador. Entrelacé dos lianas para que pudiera atarselas en la espalda, superpuse dos hojas grandes (una para cada pecho) y las agujereé por los extremos, hice los nudos y até a estos otra liana para que pudiera ponerselo por el cuello. Después con otras dos lianas y dos hojas hice algo parecido a un tanga, prestando atención en poner la parte mas limpia y suave de las hojas para el lado interno del tanga, a fin de ofrecer un ajuste lo menos molesto posible. Para mi hice lo propio, también con lianas y dos hojas. Después de hacer de modista naturalista me dirigí de nuevo al lago. Cogí un palo. Lo clavé en el suelo. En el colgué las prendas que había hecho. Luego cogí una piedra y de nuevo la tiré contra el tronco de un árbol. Me apresuré y corrí por el bosque, ocultándome tras un árbol. Después de unos segundos oí sus pasos entre los arbustos. Esperé unos minutos. Miré entre las plantas hacia donde Ella estaba. Pude verla de espaldas. Vi como se ataba el sujetador en la espalda y luego al cuello. Una vez terminó miró a su alrededor. Sabía que yo la observaba. De hecho tenía una cierta sonrisa. Quizás agradeciendo el detalle de la fruta.
Yo no aguantaba más estar allí oculto. Lo cierto es que antes de que ella llegara estaba muy a gusto en mi independencia, pero no había duda de que su presencia me había espabilado. Podría decirse que la belleza de aquel lugar era semejante a los pétalos de la flor mas hermosa de la Naturaleza y por tanto, Ella era la pulpa más dulce que todo ser viviente del bosque quería probar.
La cascada era como de unos 15 metros de altura. Salía de lo alto de las rocas y terminaba en un lago de aguas transparentes. El agua tenía un color azulado que brillaba por efecto del sol, gracias a que el cielo estaba despejado, sin una nube. A mi alrededor habían flores y plantas con hojas y pétalos de muchos colores, unos colores llenos de vida que cautivaban por sus tonos azules, naranjas, rojos, verdes... Tras estas estaban unos arbustos que daban paso a un frondoso bosque de distintas especies.
Me adentré un poco en el bosque. El sonido del agua de la cascada era ahora un pequeño murmullo. Me acosté en el suelo y me quedé mirando las copas de los árboles. Los rayos de sol jugaban con las ramas. Unas veces los tapaban y otras los dejaban pasar. Una ligera brisa trajo consigo una melodía de hojas y ramas entre los arboles que aportaban una sensación de calma, de frescor y de vida. De fondo podía escuchar aun el murmullo de la cascada que era el complemento perfecto a la melodía del bosque.
El agua del lago emitió un sonido discordante. Yo me percaté de ello. Me levanté casi de un salto y corrí hacia la cascada. ¿que había sido aquel sonido? Quería descubrirlo.
Llegué cerca del borde del lago. Aparté unos arbustos sin hacer ruido y miré hacia el agua. Unas ondas nuevas aparecieron en la superficie del lago. Parecía que la orientación de aquellas era equivocada porque iban en contra de las ondas que fluían de la caída del agua de la cascada. Me quedé observando. De repente, surgió a la superficie una figura. Pude ver como su pelo negro y largo emergía lentamente desde el fondo del lago. Estaba de espaldas. Con sus manos escurrió el agua de su pelo. Este dejó paso a la visión de sus hombros.¿quien era aquella mujer? ¿que hacía en mi lago? ¿porqué estaba en mi lugar imaginario?
No tardé en percatarme que se trataba de Ella, de mi huesped. Aún así, me mantuve tras los arbustos. Ella estaba allí. Nadaba plácidamente. Se sumergía en el agua y emergía de nuevo. Sus hombros parecían de oro por el brillo del sol en la piel. Verla así, tranquila, disfrutando del baño, del agua, del sol, de si misma, me hizo sentir bien. Yo parecía un arbusto. Uno más de los que junto a las flores y las plantas observábamos la belleza de sus movimientos. La brisa pasó por mi lado y me silvó al oído que... era hora de comer.
Así era. Lentamente me retiré de mi posición. Tenía que buscar algo de comer, no solo para mi, también para Ella. Fue así como me adentré en el bosque. Tenía ganas de correr. Estaba ciertamente sorprendido por la presencia de Ella y eso me proporcionó un estímulo extra para mi búsqueda de alimento. Comencé la carrera entre los arboles. Me sentía lleno de fuerza de y vitalidad. Salté sobre las piedras y troncos que salían a mi encuentro, las ramas se apartaban a mi paso, la brisa refrigeraba el esfuerzo de mi cuerpo y mi energía lejos de agotarse aumentaba. Mis sentidos funcionaban al cien por cien. Mientras corría vi a lo lejos un claro entre el bosque. Me dirigí allí sin parar de correr. Cuando llegué encontré algunos arboles frutales. Estaban distribuidos entre las diferentes especies del bosque, de forma natural. Había de todo. Me acerqué a una platanera. Del tronco arranqué un poco de corteza que entrelacé, para hacer un recipiente para la fruta. Estuve allí recolectando lo necesario para los dos. Una vez que tenía lo que quería me encaminé rumbo al lago.
De manera sigilosa, me acerqué a los arbustos. Miré en el lago, pero Ella no estaba. ¿a donde había ido?. Algo se movió en la orilla. Ella estaba tumbada en la arena, boca abajo. Tomaba el sol. La imagen se grabó en mi retina. Su desnudez formaba parte de aquel paraíso. Pude observar como el agua del lago intentaba rozar uno de sus pies con el impulso de las ondas del agua. La brisa hacía flexible las ramas de la plantas, para de esta forma intentar llegar a su pelo o a su piel. Entonces se me ocurrió una idea. Me fui a un extremo del lago. Puse el recipiente con la fruta en el agua. Lo empujé hasta donde estaba Ella. Rápidamente me oculté entre los arbustos y esperé. El recipiente navegó entre las aguas. Su dirección era correcta, pero comenzó a desplazarse un poco por efecto de la caída de la cascada. ¡ Madición!. Tenía que improvisar algo. Me acerque de nuevo a la orilla deslizándome por el suelo. Me metí en el agua con lentitud casi como un cocodrilo. Me sumergí hasta llegar al recipiente de fruta. Despacio lo empujé hacia ella y con rápidez me sumergí hasta llegar detrás de la caída de la cascada. El recipiente de fruta llegó hasta unos de sus pies. Ella se incorporó para mirar que era lo que la había rozado. La fruta estaba fresca, incluso algunas gotas de agua la habían salpicado. Habían kiwis, platanos, uvas, fresas, melocotón aguacate, piña... Yo intentaba ver si el recipiente había llegado hasta Ella, pero el agua de la cascada me lo impedía. ¿como iba a salir de allí sin que me viera?
Yo estaba en un pequeño hueco en el interior de la cascada. El sol no llegaba hasta allí. Apollé mi mano en una roca y noté que una piedra estaba suelta. Entonces se me ocurrió un plan. Cogí la piedra en la mano y la tiré hacia el bosque con todas mis fuerza, atravesando el lateral de la cascada. La piedra golpeó el tronco de un árbol. El sonido llamó su atención. Se levantó y escuché como atravesó los arbustos para ir a ver que era lo que provocó aquel ruido. Yo aproveché el momento. Me sumergí en el agua y llegué hasta la orilla de donde había partido. Me oculté tras los arbustos y accedí al bosque. Mientras, Ella regresaba a la orilla, pues no había visto nada anormal.
El tiempo que estuve en la cascada hizo que me diera cuenta de que tenía que prepararme para la noche. No tenía ningún tipo de abrigo, así que además de esto tendría que ir pensando en buscar algún refugio o cobijo. Por otro lado también quería buscar algo para Ella. Fue así como cogí unos tallos de una trepadora de arboles y unas cuantas hojas grandes. Con las lianas y dos hojas hice una especie de sujetador. Entrelacé dos lianas para que pudiera atarselas en la espalda, superpuse dos hojas grandes (una para cada pecho) y las agujereé por los extremos, hice los nudos y até a estos otra liana para que pudiera ponerselo por el cuello. Después con otras dos lianas y dos hojas hice algo parecido a un tanga, prestando atención en poner la parte mas limpia y suave de las hojas para el lado interno del tanga, a fin de ofrecer un ajuste lo menos molesto posible. Para mi hice lo propio, también con lianas y dos hojas. Después de hacer de modista naturalista me dirigí de nuevo al lago. Cogí un palo. Lo clavé en el suelo. En el colgué las prendas que había hecho. Luego cogí una piedra y de nuevo la tiré contra el tronco de un árbol. Me apresuré y corrí por el bosque, ocultándome tras un árbol. Después de unos segundos oí sus pasos entre los arbustos. Esperé unos minutos. Miré entre las plantas hacia donde Ella estaba. Pude verla de espaldas. Vi como se ataba el sujetador en la espalda y luego al cuello. Una vez terminó miró a su alrededor. Sabía que yo la observaba. De hecho tenía una cierta sonrisa. Quizás agradeciendo el detalle de la fruta.
Yo no aguantaba más estar allí oculto. Lo cierto es que antes de que ella llegara estaba muy a gusto en mi independencia, pero no había duda de que su presencia me había espabilado. Podría decirse que la belleza de aquel lugar era semejante a los pétalos de la flor mas hermosa de la Naturaleza y por tanto, Ella era la pulpa más dulce que todo ser viviente del bosque quería probar.
viernes, 25 de junio de 2010
La visita (2ª parte)
Mi té se había consumido. El desnudo fondo de la taza así lo reflejaba. Me quedé mirándolo, pues un reflejo de mi rostro brillaba por el efecto del té sobrante, apenas unas gotas. Ella, mi invitada, me miraba con cierta curiosidad. Posiblemente se preguntaba por mi estática posición y concentración. Allí estaba yo, absorto en el fondo de la taza. Mientras mis ojos permanecían hieráticos en tal reflejo, mi mente comenzó un camino paralelo a la realidad.
El silencio de la realidad dejó paso a un ambiente imaginario. Un lugar con sonido a agua. Un murmullo cada vez mas creciente, como el de una cascada que desemboca en un pequeño lago. Mis ojos estaban cerrados. No tenía intención de abrirlos aun. De momento me bastaba con escuchar el sonido del agua del lago y de la perpetua cascada, una música armónica que no debía ser interrumpida por ningún otro sentido. Mi relajación me llevó a una concentración más completa. En la cascada pude descubrir algo que no había experimentado antes. El agua caía en abundancia sobre el lago. El mismo elemento con dos estados distintos, la fuerza arrolladora y dinámica de la cascada, y la suavidad de las ondas sobre la quietud del lago, sobre todo en la proximidad de la orilla. La cascada era algo espectacular. Sin abrir los ojos para verla, podía escuchar el jolgorio y la alegría del agua. Habían gotas de múltiples tamaños. Unas chocaban contra otras emitiendo un húmedo chasquido, a veces me parecía que reían como los niños que corren por el patio de la guardería. Todas las gotas en una misma dirección, una detrás de otra, unas cien, mil, millones, cientos de millones, no se cuantas habrían, pero podía escuchar como se quedaban mudas al llegar a la superficie del lago y se fusionaban con sus antecesoras, que ya habían olvidado la fiesta, para luego descansar y relajarse en las ondulantes y suaves formas, que hacían de la superficie del lago un relejo de la calma y la quietud.
En ese momento presentí que algo no encajaba en mi percepción sensorial de mi imaginación. Algo me sacó de mi concentración.
Mi imagen en el fondo de la taza de té me devolvió a la realidad. Alcé la vista buscándola a Ella. Estaba allí, frente a mi, en la misma posición en la que estaba antes de mi viaje imaginario. Nos miramos y en cuestión de segundos nos sonreímos.
Ella: ¿Que ha pasado Chenzhen?
Chenzhen: Pues parece que me he dado un paseo por la taza de té.
Nos reímos.
Ella: Mas que una vuelta, me ha parecido que has hecho un viaje alrededor del mundo. ¿donde has estado?
Chenzhen: Pues no lo se exactamente. Me he ido a un lugar que no he visto con mis ojos, tan solo lo he visitado con el sentido del oído.
Ella: Pues yo.... me siento como si te hubiera esperado en el aeropuerto, con la taza de té en la mano.
Chenzhen: jajajaja. Discúlpame, me he quedado como absorto.
El silencio hizo su presencia, pero solo unos minutos.
Chenzhen: ¿te gustaría acompañarme?
Ella: ¿A donde?
Chenzhen. A lugar donde he estado. Es un viaje imaginario, pero es posible que te guste.
Ella: ¿Es como una meditación?
Chenzhen: Si, algo así. ¿te animas?
Ella: Pues... ¿prometes que me traerás de vuelta?
Chenzhen: Yo, mas bien diría ¿querras volver?
Nos sonreímos
Ella: Venga, si.
Me levanté del futón y fui a por lo necesario para nuestro viaje. Traje unas almohadas y unos finos colchones llenos de plumas y confeccionados en algodón natural. Extendí el suyo sobre el tatami de la estancia. La invité a tumbarse.
Chenzhen: Bien, ahora que estas tumbada respira con normalidad, pero hazlo con cierta profundidad. He traído unas mantas, por si en algún momento tuviéramos frío.
Ella: Gracias Chenzhen
Ella cerró los ojos. Me siitué cerca de su cabeza. Deslicé mi mano bajo su cuello. Con cuidado coloqué la almohada y apoyé su cabeza.. Luego me tumbé junto a Ella. Antes de iniciar el viaje, le indiqué que soltara el cuerpo, que olvidara su trabajo, sus preocupaciones. El silencio apareció, pero esta vez con una compañía que el propio silencio no esperaba, nuestra respiración. Se hizo profunda, constante. Empezamos a oír los latidos del corazón. Los músculos del cuerpo se aflojaron, se relajaron.... nos olvidamos de ellos y de todo aquello que pudiera ser un lastre para nuestro viaje. Fue así como en unos segundos comenzamos a volar de forma imaginaria hasta aquel lugar que antes había dejado atrás y que ahora me proponía descubrir con la vista y con Ella.
(Fin de la segunda parte)
El silencio de la realidad dejó paso a un ambiente imaginario. Un lugar con sonido a agua. Un murmullo cada vez mas creciente, como el de una cascada que desemboca en un pequeño lago. Mis ojos estaban cerrados. No tenía intención de abrirlos aun. De momento me bastaba con escuchar el sonido del agua del lago y de la perpetua cascada, una música armónica que no debía ser interrumpida por ningún otro sentido. Mi relajación me llevó a una concentración más completa. En la cascada pude descubrir algo que no había experimentado antes. El agua caía en abundancia sobre el lago. El mismo elemento con dos estados distintos, la fuerza arrolladora y dinámica de la cascada, y la suavidad de las ondas sobre la quietud del lago, sobre todo en la proximidad de la orilla. La cascada era algo espectacular. Sin abrir los ojos para verla, podía escuchar el jolgorio y la alegría del agua. Habían gotas de múltiples tamaños. Unas chocaban contra otras emitiendo un húmedo chasquido, a veces me parecía que reían como los niños que corren por el patio de la guardería. Todas las gotas en una misma dirección, una detrás de otra, unas cien, mil, millones, cientos de millones, no se cuantas habrían, pero podía escuchar como se quedaban mudas al llegar a la superficie del lago y se fusionaban con sus antecesoras, que ya habían olvidado la fiesta, para luego descansar y relajarse en las ondulantes y suaves formas, que hacían de la superficie del lago un relejo de la calma y la quietud.
En ese momento presentí que algo no encajaba en mi percepción sensorial de mi imaginación. Algo me sacó de mi concentración.
Mi imagen en el fondo de la taza de té me devolvió a la realidad. Alcé la vista buscándola a Ella. Estaba allí, frente a mi, en la misma posición en la que estaba antes de mi viaje imaginario. Nos miramos y en cuestión de segundos nos sonreímos.
Ella: ¿Que ha pasado Chenzhen?
Chenzhen: Pues parece que me he dado un paseo por la taza de té.
Nos reímos.
Ella: Mas que una vuelta, me ha parecido que has hecho un viaje alrededor del mundo. ¿donde has estado?
Chenzhen: Pues no lo se exactamente. Me he ido a un lugar que no he visto con mis ojos, tan solo lo he visitado con el sentido del oído.
Ella: Pues yo.... me siento como si te hubiera esperado en el aeropuerto, con la taza de té en la mano.
Chenzhen: jajajaja. Discúlpame, me he quedado como absorto.
El silencio hizo su presencia, pero solo unos minutos.
Chenzhen: ¿te gustaría acompañarme?
Ella: ¿A donde?
Chenzhen. A lugar donde he estado. Es un viaje imaginario, pero es posible que te guste.
Ella: ¿Es como una meditación?
Chenzhen: Si, algo así. ¿te animas?
Ella: Pues... ¿prometes que me traerás de vuelta?
Chenzhen: Yo, mas bien diría ¿querras volver?
Nos sonreímos
Ella: Venga, si.
Me levanté del futón y fui a por lo necesario para nuestro viaje. Traje unas almohadas y unos finos colchones llenos de plumas y confeccionados en algodón natural. Extendí el suyo sobre el tatami de la estancia. La invité a tumbarse.
Chenzhen: Bien, ahora que estas tumbada respira con normalidad, pero hazlo con cierta profundidad. He traído unas mantas, por si en algún momento tuviéramos frío.
Ella: Gracias Chenzhen
Ella cerró los ojos. Me siitué cerca de su cabeza. Deslicé mi mano bajo su cuello. Con cuidado coloqué la almohada y apoyé su cabeza.. Luego me tumbé junto a Ella. Antes de iniciar el viaje, le indiqué que soltara el cuerpo, que olvidara su trabajo, sus preocupaciones. El silencio apareció, pero esta vez con una compañía que el propio silencio no esperaba, nuestra respiración. Se hizo profunda, constante. Empezamos a oír los latidos del corazón. Los músculos del cuerpo se aflojaron, se relajaron.... nos olvidamos de ellos y de todo aquello que pudiera ser un lastre para nuestro viaje. Fue así como en unos segundos comenzamos a volar de forma imaginaria hasta aquel lugar que antes había dejado atrás y que ahora me proponía descubrir con la vista y con Ella.
(Fin de la segunda parte)
viernes, 18 de junio de 2010
Una visita. (Primera parte)
Estaba sentado en el futón, frente a la mesa. Un suave olor emanaba de la taza de té. Esa fragancia me transportó a un pensamiento, de este a otro, de ese al siguiente, así hasta que... Alguien llamó a la puerta. Me levanté y acudí a la entrada. Al abrir, tuve frente a mi a una mujer. Su pelo negro, ojos brillantes, sonrisa amable, una blusa roja, un pantalón vaquero y unos zapatos rojos. Me sorprendí, porque nunca antes la había visto. Me quedé mirándola al tiempo que ella esperaba alguna reacción por mi parte, que después de casi un minuto llegó.
Hola le dije. Hola respondió. La invité a pasar. Un vez cerrada la puerta me presenté pronunciando mi nombre. Ella hizo lo propio. Le pedí que se descalzara para pasar a la estancia donde un té olvidado había extendido su fragancia a su alrededor. Ella eligió el futón de color violeta. Se sentó. Yo fui a la cocina por mas té caliente. Al regresar, ella observaba la habitación. Parecía estar analizando cada detalle, no en balde era la primera vez que recibía su visita, por lo que posiblemente el entorno le causaba una cierta impresión.
Me senté. Ambos cogimos la taza de té. Nos miramos. Estuvimos así un buen rato. Nos dijimos muchas cosas, pero sin mover los labios. Fue una sensación nueva. Con cada sorbo de té, con la mirada, con las sonrisas, no se que fue lo que nos dijimos, pero desde luego hubo una comunicación, que cada uno interpretó a su manera. En ese momento pensé. Esta mujer me ha visitado, ¿quien es? ¿porque está aquí? ¿porque razón recibo su visita? ¿alquien le ha dicho que viniera? Tantas preguntas me agobiaron, por lo que decidí no intentar responder ninguna. Lo mas seguro es que estas dudas se responderían por si mismas.
Durante mi pensamiento me quedé absorto en la taza de té que ella sostenía entre sus manos. Una voz deshizo mi pensamiento. Chenzhen¡¡. La miré. Ella me estaba observando y de nuevo dijo Chenzhen¡¡.Creo que fue en ese momento cuando desperté y le respondí si?. Gracias por el té estaba muy rico, respondió.Nos quedamos callados. Había tanto silencio, que podíamos oir el sonido de los grillos en el exterior de la casa.
El silencio disminuyó en cuanto ella realizó un movimiento con su brazo. Llevó su mano al cuello, como indicando una molestia o dolor. Así fue como iniciamos una conversación mas extendida.
Chenzhen: ¿estas cansada?
Ella: Un poco si. Mi trabajo es agotador. La tensión hace que llegue a casa con dolor en la espalda y el cuello.
Hola le dije. Hola respondió. La invité a pasar. Un vez cerrada la puerta me presenté pronunciando mi nombre. Ella hizo lo propio. Le pedí que se descalzara para pasar a la estancia donde un té olvidado había extendido su fragancia a su alrededor. Ella eligió el futón de color violeta. Se sentó. Yo fui a la cocina por mas té caliente. Al regresar, ella observaba la habitación. Parecía estar analizando cada detalle, no en balde era la primera vez que recibía su visita, por lo que posiblemente el entorno le causaba una cierta impresión.
Me senté. Ambos cogimos la taza de té. Nos miramos. Estuvimos así un buen rato. Nos dijimos muchas cosas, pero sin mover los labios. Fue una sensación nueva. Con cada sorbo de té, con la mirada, con las sonrisas, no se que fue lo que nos dijimos, pero desde luego hubo una comunicación, que cada uno interpretó a su manera. En ese momento pensé. Esta mujer me ha visitado, ¿quien es? ¿porque está aquí? ¿porque razón recibo su visita? ¿alquien le ha dicho que viniera? Tantas preguntas me agobiaron, por lo que decidí no intentar responder ninguna. Lo mas seguro es que estas dudas se responderían por si mismas.
Durante mi pensamiento me quedé absorto en la taza de té que ella sostenía entre sus manos. Una voz deshizo mi pensamiento. Chenzhen¡¡. La miré. Ella me estaba observando y de nuevo dijo Chenzhen¡¡.Creo que fue en ese momento cuando desperté y le respondí si?. Gracias por el té estaba muy rico, respondió.Nos quedamos callados. Había tanto silencio, que podíamos oir el sonido de los grillos en el exterior de la casa.
El silencio disminuyó en cuanto ella realizó un movimiento con su brazo. Llevó su mano al cuello, como indicando una molestia o dolor. Así fue como iniciamos una conversación mas extendida.
Chenzhen: ¿estas cansada?
Ella: Un poco si. Mi trabajo es agotador. La tensión hace que llegue a casa con dolor en la espalda y el cuello.
Chenzhen: Es normal, la vida que llevamos hoy en día nos carga de preocupaciones y estas la llevamos encima como si nos pusieran una mochila en la espalda donde guardarlas.
Chenzhen: ¿te puedo preguntar algo?
Ella: Si.
Chenzhen: ¿Quien eres? ¿y que razón te ha traído hasta aquí, a visitarme?
Ella: Jajaja. Chenzhen. Esperaba esa pregunta, pero no puedo responderla.
Una sonrisa mientras decía estas palabras llenaron la habitación de un profundo misterio. Mis ojos la miraban intentando descubrir alguna pista sobre lo que había dicho, algo con lo que pudiera establecer una relación entre sus palabras y su presencia, pero fue inútil.
Chenzhen ¿he de hacer algo para hallar la respuesta?
Ella: No lo se. A pesar de que no me conoces has abierto la puerta, me has invitado a pasar, a tomar el té. ¿porque razón?
Chenzhen: Pues no tengo respuesta para eso. Es algo que me he preguntado, pero no he logrado responder.
Ella: Pues ya lo descubriremos, ¿no crees?
Una nueva y ligera sonrisa fluyó entre sus labios. Recibí de ella una especie pregunta encubierta. Presentí que ni ella misma sabía el motivo de su visita, como si algo desconocido la hubiera traído hasta aquí. Incluso pienso que justamente eso podría ser el motivo de su presencia, el querer descubrir lo que la ha traído hasta mi rincón.
(fin de la primera parte)
domingo, 6 de junio de 2010
¡¡ Algún día....!!
Un lugar que no deja indiferente a nadie, algún día...... iré.http://www.youtube.com/watch?v=2TRs2s-22tg
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