Algo se activa en mi mente. Abro los ojos. Los músculos se llenan de sangre, cogiendo el tono necesario para iniciar el movimiento. De un salto salgo de mi saco y me apresuro a vestirme. El frio intenta hacerse conmigo, pero mis ganas de iniciar la jornada lo apartan de mi camino. La camiseta térmica se ajusta a mi pecho y espalda. Los calcetines se adhieren al pie y me siento cómodo. El pantalón de Gore lo abrocho a la cintura y rápidamente voy a por la chaqueta cortaviento. Esta prenda es la que más me gusta, ofreciendo comodidad y protección frente al frio. Me calzo las botas y ato los cordones. Pongo el saco en su funda y preparo la mochila, pero queda lo mejor...el desayuno. Una barrita energética, un poco de chocolate disuelto en mi taza de leche y medio bocadillo con pan de cereales. Todo esto acompañado por la increible vista que se observa desde lo alto de la colina en la que me encuentro.
También ante mi está ella. Alta, imponente, desafiante, con un vestido blanco hasta su cintura y con el intenso frio de la mañana como aliado. Estoy sentado mirándola, los dos frente a frente. No necesitamos decir ninguna palabra. Tan sólo con mirarla me alienta a ir en su busca y me incita a conquistarla. Se que no me lo pondrá nada fácil. No tengo más que fijarme en la rapidez con la que una nube desciende por la ladera.
El desayuno y mis pensamientos llegan a su fin. Guardo mi taza y los envoltorios. Me pongo de pie. Mi mochila en la espalda es el preludio de que estoy listo. No puedo moverme de aqui sin verla de nuevo. Ahí está. Un último mensaje nos intercambiamos. Con mi mirada solo puedo decirle: Te alcanzaré, contra el viento y el frio, contra el cansancio y la fatiga, contra los calambres y la sed, si tu lo deseas... ¡te conquistaré!
¡¡En Marcha!! Primero un paso, luego el segundo. Las botas comienzan el camino dejando las primeras huellas en la tierra. Me dirijo colina abajo por el sendero. Un sendero que me llevará hasta la llanura que me separa de mi objetivo. El descenso se hace ameno. Mientras camino observo el paisaje. Las primeras luces del día ya han llegado para quedarse e iluminan tímidamente el entorno. Prácticamente solo oigo mis pasos y el sonido de la brisa montañera. El frio y la ausencia de vegetación entre las rocas hace que el olfato parezca dormido. No obstante, cuando llegue a la llanura, las solitarias retamas me acompañarán con su característico olor seco y rancio, pues en invierno carecen de flores.
Despues de dos horas, ya he recorrido la mitad de la extensa llanura. El paisaje volcánico se vuelve cada vez más duro e inhóspito. Pero mi energía apenas se consume. Estoy próximo a la ladera de la montaña y estoy animado. Cada vez que la miro me siento afortunado de estar aquí, de poder admirar su impresionante silueta, pero sobre todo por esa sensación de desafiante aventura que supone el ascenso, de medir mi resistencia y como no, el premio final, conquistar la cima.
Una hora de camino me situa en la falda de la montaña. Atrás quedó la colina, la llanura y parte de la ladera por la que he subido hasta este punto.Aprovecho para descansar y tomar algó de alimento, pues la parte más dificil llega ahora. Aunque no estoy cansado se que debo adoptar un paso firme y seguro, lento pero constante. Quizás podía haber llegado hasta aquí en menos tiempo pero ¿que prisa tengo? Ninguna. Con cada paso andado me llevo conmigo cientos de imagenes. Es algo así como ir haciendo una fotografía con cada pestañeo. En algunos momento esas fotos han ido acompañadas de pensamientos sobre el paisaje, recuerdos de buenos momentos, de anecdotas simpáticas, de gente que he conocido, de mi situación personal... El tiempo no importa, el camino lo es todo.
Aqui estoy. Miro hacia arriba. El silencio se apodera del ambiente. Tan solo la brisa se atreve a romperlo por momentos. De nuevo la mochila en la espalda, me pongo el pasamontañas y los guantes. Tardaré en llegar a la cota de nieve y el frío será más intenso mientras vaya ganando altura. También tengo en el lateral de la mochila los crampones, puesto que la nieve y el hielo son dos aliados que dificultan el paso. Es el momento de iniciar la marcha.
El sendero aumenta los grados de inclinación de la ruta. El paso y la respiración se coordinan despues de unos minutos, haciendo que el ritmo se vuelva constante. Las piernas comienzan a notar el esfuerzo necesario para desplazar mi peso, el de la ropa y el de la mochila. La espalda y los hombros aun no molestan. Mientras camino, el frio va congelando la cavidad nasal y pronto será necesario un pañuelo. ¡¡Pañuelo!! Tan solo pensarlo me pone nervioso.Yo los metí en la mochila pero... ¿en que parte? Tragarme los mocos no es una opción, pero intentar encontrar los pañuelos sería como buscar un premio en las tapas de los refrescos. Así que optaré por un término medio, unas ramas secas (no me pidas que lo explique, mejor usa tu imaginación).
Mientras realizo el ascenso envuelto en mis pensamientos, apenas me he dado cuenta de que ya estoy en zona de nieve. Hace unos minutos que aparecieron las primeras señales de la nevada, que hace dos noches tiñó de blanco esta cota. El suelo se ha vuelto blanco y poco a poco las botas se van enterrando dejando huellas en la nieve. La nieve es blanda y de momento no se hace necesario utilizar los crampones. Debo estar en torno a unos 2800 metros y el frío es intenso. El viento se hace fuerte por momentos y está nublado. Debo avanzar un poco más e intentar buscar refugio por si las condiciones empeoran.
Despues de un rato más de camino veo dos rocas grandes separadas entre sí. Me acerco, me quito la mochila y agarro una piedra que está en el suelo, a mi lado. Me propongo golpear la nieve que está en la parte superior de las rocas y observo que está dura y es consistente. Primero con los guantes y luego con la ayuda de la tapa de la cocinilla, comienzo a excavar en la nieve que separa las dos rocas, consiguiendo hacer así un pequeño refugio donde quepamos la mochila y yo. Cuando acabo me dispongo a acomodarme como pueda. Miro el reloj y me percato de que la tarde avanza y en unas horas esta ladera de la montaña estará a oscuras. Sería conveniente aprovechar las horas de luz que aun quedan para avanzar y tener tiempo de prepararme para la noche. Pero no hay prisa. El cansancio y la necesidad de consumir alimento son ahora la prioridad. Supongo que la noche será dura y he de prepararme. Aqui no hay espacio para montar la tienda, asi que he de improvisar con ella la forma de pasar la noche entre estas dos rocas. Estas son tan grandes que me permitirán resguardarme de alguna posible avalancha. Despues de un duro trabajo, consigo que casi la mitad de la caseta quede en medio de las enormes rocas. Preparo el interior de la tienda con lo necesario para pasar la noche. Para mi tranquilidad, decido revisar los anclajes de la tienda para evitar que el viento pueda soltarlos. Creo que todo está en condiciones y entro en la tienda.
Aun no ha anochecido, pero pronto lo hará. Pasaré la noche aquí y mañana temprano iniciaré la marcha. Fuera la tarde se oscurece. El frio se hace más intenso y el viento arrecia. El interior de la tienda transmite una sensación insegura, ya que las membranas son sacudidas por el viento. Por momentos parece como si se fueran a romper. El plan está bastante claro. La cena y el descanso son las actividades que puedo llevar a cabo. Es la hora de la cena la que me transmite más sensación de soledad, pero es tambien la que me permite sentirme más capaz, mas fuerte, más sólido y sobre todo independiente. La indepencencia es buena, pero puede costar cara. Aislarse es algo necesario en determinados momentos, pero tambien lo es estar acompañado por la gente que comparte esta afición por las montañas y el deporte. Hoy estoy solo, mañana quizás no.
Suena el timbre y abro la puerta de mi rincón. Bienvenid@. Pasa por favor. Aqui estamos, dispuestos a pasar un buen rato. Ese rato que necesitamos a menudo. Despues del trabajo o los quehaceres diarios. Un lugar para leer o escribir un relato de lo que tu quieras, para comentar una anecdota, para contar la noticia del día, en general para relajarte, oir un poco de música y tomar un buen té. ¿te apetece?
domingo, 9 de enero de 2011
viernes, 17 de septiembre de 2010
¿Qué decides, 1 o 2?
1 es la unidad más perfecta del universo. Tan perfecta que es capaz de identificar lo más simple y lo más complejo. Para mi es como la base de cuanto conocemos. Algo así como el agua en la vida de nuestro planeta.
Nosotros somos 1. Si, así es. Podemos llamarnos Pablo, Ana, Michael, Xiaoyan. … como quieras, pero al final somos 1. Podemos tener más de un brazo, de una pierna, de una oreja, pero seguimos siendo 1. Podemos creer que nuestra personalidad es cambiante o doble, pero seguimos siendo 1. El 1 es además, singular, independiente, vive a su aire, según sus propias reglas y sin la intervención descontrolada del resto de los otros 1s. A veces se relaciona pero lo hace bajo 1 grupo, 1 colectivo, 1 equipo de manera que en ningún caso abandona su unidad pues la camufla entre otro colectivo compuesto por más de una unidad, de 1. Como 1 nos presentamos a los demás. Mostramos de manera consciente o no nuestras cualidades, habilidades, pensamientos, creencias. Tenemos nuestras propias características como ser humano, algo que nos define como únicos, como el 1. A veces hay individuos que por diferentes razones dan a su propio ser un valor más alto que el de otro 1, sobre todo cuando dice eso de “Soy el número 1” ¿ que número va a ser si no? 1 es 1 y desde mi punto de vista el 1 no puede estar por delante ni por detrás del 1.
Al 1 le acompaña una condena, la soledad. Aunque también es capaz de adaptarse a esta circunstancia y ser feliz, tanto dentro de un grupo como fuera de el. Controla su propia existencia y además se enfrenta en solitario a todo tipo problemas sin necesidad de que otro 1 intervenga en su ayuda. Yo creo que este 1 es capaz de alcanzar la felicidad y al mismo tiempo aceptar o no otra posibilidad que le da las matemáticas. Una opción que puede cambiar su mundo tal como lo conoce siendo 1, La Suma.
La Suma es una operación que puede ser arriesgada, pues puede acabar con todas las ventajas de ser 1. Por el contrario también puede aportar ventajas distintas a las que se experimentan siendo 1. Si estás satisfecho/a como 1, ¡¡ felicidades!!. Si no es así, puedes cambiarlo. ¿Cómo?
Según las normas matemáticas, La Suma se conseguirá cuando l deje de ser la unidad independiente. Y esto es algo curioso porque ¿Cómo se logra eso? Pues nada más y nada menos que sumando…..1. ¿Ves? Ya estamos otra vez, otra vez el señor independiente 1. Está en todas partes. Pero bueno, tenemos una suerte inmensa porque podemos elegir entre 1(masculino) o 1 (femenino). ¿No te habías dado cuenta? Pues te digo más, podemos elegir entre 1 helado o 1 helada, pero piensa primero lo que quieres, no te vayas a arrepentir.
Pues como decía antes, podemos hacer que 1 se convierta en 2.
2 es la suma de la unidad 1 más otra unidad 1. Por ejemplo, puedes optar por pasar de comerte 1 bombón a 2 bombones. Hay quien dice que esta acción implica la posible suma de otra unidad 1 e incluso hasta varias sumas más, pero esto es algo que yo desaconsejo, pues la caja de bombones puede quedar exterminada en cuestión de minutos y… ¿que pasa luego? No lo voy e explicar, pues ya lo sabemos.
En La Suma, el 1 (masculino) y el 1 (femenino) pueden decidir sumarse entre si, aunque también existe la posibilidad de una suma entre 1s del mismo sexo. La unión se hace a través del signo positivo. El tiempo de duración de este proceso lo marca la propia operación matemática. Si lo haces con calculadora no se tarda más de dos o tres segundos, eso depende de la soltura de tus dedos. Si lo haces mentalmente…. puede que resulte algo más complicado. ¿Porqué? Pues por ejemplo por el tipo de unidades que estés pensando sumar, el sueldo de este mes y el próximo, las semanas que faltan para olvidarte del jefe y coger vacaciones, las páginas que faltan para terminar de leer tu libro favorito, las veces que la compañía telefónica te molesta para venderte la ultima y novedosa tarifa para el móvil, las veces que de forma intencionada le has dicho “no” ha ese hombre que tanto te gusta, las veces que has intentado ligar con esa mujer que te quita el sueño…..
Las operaciones matemáticas acaban siempre con un resultado, unas veces satisfactorio y otras no tanto. Lo que está claro es que sin unidades no hay operación, sin operación no hay resultado. ¿Tu que quieres? ¿Quieres ser una unidad? o ¿Quieres ser el resultado de la suma entre otra unidad y tu?
¿Qué decides?
domingo, 5 de septiembre de 2010
El Fuego - La Escultura Dorada
Uno de los elementos de la naturaleza que ha estado presente desde el comienzo de la vida es el Fuego. Podemos encontrarlo en múltiples formas, pero sin duda su propiedad más reconocida es la de ofrecer energía en forma de calor.
Cuando somos pequeños y vemos el fuego por primera vez lo más normal es que tengamos miedo por ser un elemento desconocido, pero ese miedo no es puro, porque está mezclado con esa sensación de sorpresa y curiosidad que nos invade cuando vemos esa llama de varios colores y cuya forma cambia en cada segundo.
Mientras vamos creciendo podemos encontrar otros tipos de fuego que generalmente asociamos también al término calor, puesto que una llama desprende energía y la recibimos a través de esa sensación de calor.
Esa energía, al igual que el fuego, también podemos percibirla de diferentes formas. Por ejemplo a través del sol, de un encendedor, del Tai Chi, del motor de un coche, del calor humano etc. Es durante nuestra vida donde podemos experimentar nuevas sensaciones que nos aporta este elemento, unas veces mágico y otras veces infernal. De todas sus formas hay dos que llamaron mi atención, posiblemente porque tiene un carácter de relación personal con otro ser humano y por ello se sitúan en un lugar reservado para el disfrute con la persona de la que te enamoras o que simplemente te agrada o te gusta. Una es el calor sexual y la otra….. la descubrí por casualidad. Es la Escultura Dorada.
La noche se había presentado en las montañas. Una ligera ventisca amontonaba gruesos copos de nieve en el tejado, las ventanas y la puerta principal. Los datos proporcionados por la estación meteorológica eran correctos. En la despensa tenía los víveres necesarios para catorce días, por lo que no debía preocuparme por ello. También está cubierta la reserva de leña para la chimenea, pues por la tarde me había adentrado en el bosque para aprovisionarme por si se hacía efectiva la alerta meteorológica.
La cabaña no era muy grande. Un dormitorio con litera, una habitación para la leña, un cuarto de baño con ducha y la habitación principal con una cocina nueva, un sofá y la chimenea. En el suelo, junto a esta, había una alfombra con el colchón de la litera sobre el que muchas veces pasaba la noche, pues apenas necesitaba una manta para dormir, ya que el fuego mantenía la habitación caliente.
Me habían destinado aquí. La empresa que me contrató me ofreció este puesto. Me ocupo de las mediciones de diversos aparatos meteorológicos y también de su mantenimiento. Por ello paso varios meses al año en la montaña. Es un buen trabajo, ya que me deja tiempo libre para recorrer el bosque, subir a lo alto de uno de los picos cercanos, puedo ir al lago del valle, correr, pero de lo que más disfruto es del atardecer. Me gusta preparar un termo con un caliente y cremoso chocolate. Lo pongo en la mochila con mi taza preferida. Me preparo con ropa de abrigo, me calzo las botas, mis guantes, pasamontañas y salgo rumbo a la cima. La cabaña está a 2.900 metros de altura y la cima está a más de 3500 metros . Se tarda una hora mas o menos en alcanzarla, pero para mi el tiempo es relativo. Una vez allí arriba, me siento en la roca cómodamente y disfruto del espectáculo que me ofrece la naturaleza, con el sol ocultándose en el horizonte y con la vista privilegiada sobre los valles cubiertos de nubes esponjosas, como si pudiera caminar sobre ellas e incluso coger alguna y hacerme una almohada para mi descanso nocturno. El viento es parte del paisaje y el frío es el indicador perfecto de que la naturaleza está viva, es independiente y no hace lo que yo quiera o desee, solo se muestra tal como es y le aporta a la montaña esa mezcla perfecta entre aventura y libertad.
Fuera de la cabaña el viento arrecia. Parece que va a ser una noche bastante fría. Acabo de cenar, así que después de recoger la cocina, me sentaré frente al fuego y leeré un buen libro. Ya estamos todos. Mi alfombra, mi manta, mi libro, el fuego y yo. ¡Ah! ¡se me olvidaba! También tenía de fondo el sonido exterior de la ventisca, que seguramente me estaba preparando el trabajo para mañana, ya que con cada tormenta es inevitable levantarse y despejar la entrada con una pala, y también liberar al tejado del peso de la nieve. Pero eso será mañana.
Escucho unos golpes en la puerta. Me levanto y me pongo un polar. De nuevo unos golpes en la puerta.
Pregunto: ¿Quién está ahí?
Una voz me responde: ¡¡Abre por favor!!
Abro la puerta con precaución. Tras la puerta tengo un tablón que la bloquea de forma parcial, por si alguien intentara empujarla y entrar a la fuerza. Frente a mi una persona de un metro setenta aproximadamente y con la ropa y la mochila cubiertas por la nieve.
Una voz: ¿Puedo refugiarme, por favor?
Vi que no había nadie más y le dejé pasar. Cerré la puerta y le ayudé a quitarse la mochila. Se quitó el pasamontañas. Era una mujer. Cuando se dio la vuelta nos miramos y…
Pedro: Pero….. ¿Qué haces aquí?
Ella medio sonriendo me responde:
Marta: Nada… que no tenía nada que hacer en casa y me apetecía subir.
Marta es una chica que conocí hace poco. Es una mujer aventurera. Le gusta la naturaleza y practica el senderismo. También le gusta correr por el bosque, montar en bicicleta y todas aquellas actividades que le ofrecen diversión y sobre todo libertad. De hecho, creo que de ahí le viene ese carácter inquieto y curioso, pues siempre está pensando en cual es la siguiente meta o actividad que quiere realizar.
Pedro: Pero Marta, venirte con este tiempo y sola, no ha sido buena idea. Podrías haberte quedado aislada en medio de la tormenta.
Marta: Lo se Pedro, pero ya está hecho y aquí estoy. Espero que no te haya molestado.
Me quedé mirándola pensando en lo que le iba a decir. Me parecía que se había arriesgado mucho viniendo en las condiciones en las que lo había hecho. Por otro lado tenía razón, ya estaba allí y además bién.
Pedro: No me molesta Marta. Lo cierto es que esto es una sorpresa. ¡¡Venga!!, quítate la chaqueta y ponte cómoda. ¿Te ha entrado agua en las botas?
Marta: Un poco si, creo que tengo los calcetines húmedos.
Pedro: Vale. Pasa a la habitación, que voy a por un par de los míos para que te los pongas. Ponte cómoda. ¿Ya has cenado?
Marta: No. Por el camino me he comido unas barritas energéticas y he traído algo de comer, pero no tengo hambre.
Pedro: Toma. Ponte estos calcetines. ¿quieres un poco de té o chocolate?
Marta: Si. Un chocolate caliente.
Pedro: Oye, si quieres puedes ducharte antes y así entrarás en calor y dormirás mejor.
Marta: Bién, pues allá voy.
Mientras Marta se duchaba, yo calentaba un poco de chocolate. También pensaba en la sorpresa de ver a Marta aquí. Una vez le conté como llegar, pero nunca pensé que viniera. Recuerdo que en una ocasión quise invitarla a ir de acampada una noche. Me costó decírselo, no se la razón. Al final le dije que si algún fin de semana no tenía planes, pues podríamos quedarnos de acampada. Ella me respondió, pero no lo hizo aceptando mi propuesta, tampoco rechazándola, así que el asunto quedó en el aire.
Cogí una taza y vertí el chocolate.
Pedro: ¡¡Marta!!, ¿quieres leche con el chocolate?
En ese momento Marta salió de la ducha con una camiseta de algodón, un pantalón bajo de algodón y la toalla en el pelo. Se acercó hasta la taza, observó el chocolate y me dijo:
Marta: No, me lo tomo sin leche.
Tras unos minutos salió del dormitorio y vino a por la taza.
Pedro: Marta, voy a la habitación a poner unas sabanas y la ropa de la cama.
Marta: Oye. Me gustaría quedarme junto a la chimenea que seguro que no hace tanto frío como en la habitación.
Mientras decía eso Marta vio que junto a la chimenea estaba mi manta y mi almohada.
Marta: ¿tu duermes junto a la chimenea?
Pedro: Si
Marta: ¡Ah! Bueno, pues si quieres duermo yo en la habitación, no me importa.
Pedro: Mmm, si quieres quedarte junto a la chimenea no pasa nada, yo me vengo a la habitación.
Una cierta tensión se palpa en el ambiente.
Marta: No Pedro, es tu sitio, no quiero echarte.
Marta se sonríe.
Pedro: Pues si a ti no te importa, hay hueco para los dos. Pero me da pena por la litera, ahora mismo pensará que ninguno quiere dormir con ella, jajaja.
Marta suelta una leve carcajada mientras me observa de allá para acá ocupado con la manta y la almohada para que ella duerma.
Cuando termino, me dirijo a la alfombra. Me tumbo, me tapo con la manta y de nuevo retomo la lectura de mi libro. Marta se termina el chocolate y se acerca hasta su manta.
Su colchón y el mío apenas están separados por unos centímetros. Mientras leo mi libro llega hasta mí una fragancia que no había percibido nunca en la cabaña. Tengo mis ojos puestos en los párrafos del libro, pero mi mente ya se ha interesado por saber el origen de aquel suave olor, interés que pronto adquirieron el resto de mis sentidos. Marta estaba mirando al techo, en silencio, como pensativa. La miro. Se toca el pelo con la mano, bueno mas bien lo tiene entre sus dedos. Supe entonces que el suave olor que percibía era de su pelo. Marta me mira y me pregunta:
Marta: ¿Me vas a decir algo?
Yo estoy aún mirando como sus dedos juegan entre su pelo, por lo que me cuesta pensar que le voy a responder.
Pedro: Si, ¿quieres jugar a las cartas?
Marta: ¡¡Si!!
Me levanto y voy a la habitación a por la baraja. Pasamos un largo rato entre reproches y risas, ya que a veces me acusa de hacer trampas y otras la pillo yo haciendo de las suyas. Estábamos cada uno a un extremo de la chimenea y en medio el lugar donde jugábamos la baraja. A Marta le toca repartir la última mano. Coge las cartas entre sus manos y las mezcla entre si. Yo me fijo en su rostro. El pelo suelto cae entre sus hombros. Lleva puestas sus gafas, que a mi parecer le dan un toque intelectual. La tenue luz del fuego acaricia su rostro con un color dorado que juega con el brillo y las sombras de sus rasgos. Es en este momento cuando Marta me dice:
Marta: Pedro ¿te pasa algo?
Yo me repongo como puedo y le contesto.
Pedro: mmm no, nada, que me he quedado pensativo.
Marta: Si quieres nos dormimos que ya es tarde.
Marta cree que yo la estoy escuchando, pero realmente yo ya estaba perdido. Marta hacía tiempo que me gustaba. Su educación, su manera de expresarse, la voz suave y llena de tonos sutiles como el de una armonía musical, sus gestos, su físico….. No hay nada que hacer, he caído en una atracción fulminante. Lo se porque nunca había estado a solas con ella y ahora está aquí, delante de mi. ¿Qué voy a hacer?
Marta: ¡¡ Pedro!!
Esta vez si que la escuché, pero no me inmuté. Solo pude decir:
Pedro: ¿Sabes que eres preciosa?
La cara de Marta parecía mármol. Ella no esperaba que yo le dijese algo así. Se quedó unos segundos callada. Segundos que a mi me parecieron decenios. Pero, ¿Qué he hecho? ¿Por qué le he dicho eso? ¿Qué ocurriría ahora?
Marta me mira. Creo que está pensando que es lo que me va a decir y me temo que esto no me va a gustar.
Marta: Gracias.
¿Gracias? Y ¿eso que significa? Creo que lo mejor es que nos vayamos a dormir.
Pedro: ¿Quieres dormir?
Marta: Si, estoy agotada.
Me levanto y pongo los colchones alineados, un poco retirados de la chimenea. La habitación estaba a buena temperatura para el sueño. La temperatura era estable. Situé el colchón de Marta frente a la chimenea, para que le llegara el calor de forma directa. El mío paralelo al suyo, justo detrás del de ella. Nos acostamos y nos dimos las buenas noches.
Marta: Pedro buenas noches.
Pedro: Buenas noches Marta, que descanses.
Aquí estoy. Delante de mi, en mi cabaña está Marta.
El silencio es perfecto para el sueño, pero no puedo dormir. Marta ni se mueve, posiblemente porque ya esté dormida. Me incorporo y la miro. Me doy cuenta de que tiene las gafas puestas. Voy a tratar de no despertarla mientras se las quito, porque si no es posible que se haga daño y las rompa.
Me levanto y me pongo entre la chimenea y ella. Tiene los ojos cerrados. Me quedo mirando su rostro iluminado por la luz del fuego. Levo mis manos con cuidado hasta las monturas de sus gafas y cuando intento retirarlas Marta abre los ojos.
Marta: ¡ayss, me las he dejado puestas!
Pedro: Si.
Marta intenta coger las gafas para quitárselas, pero yo aún no las he soltado.
Pedro: ¿Me permites?
Marta aparta sus manos y se relaja permitiéndome que sea yo quien lleve la acción a cabo. Tengo las gafas en la mano y las pliego. Las pongo encima de la chimenea, en el marco de madera exterior. Marta está acostada, con una mano entre la almohada y su rostro que reposa en ella. Mientras la miro, me acerco despacio y beso sus labios. No se como que nombre recibe esa sensación, la de estar muy relajado y nervioso a la vez. Quizás es algo que no existe o que solo me ha pasado esta vez.
Me levanto y vuelvo a mi colchón. Me acuesto en la misma posición que antes. Marta no se ha movido desde que la he besado. Yo cierro los ojos y satisfecho por mi atrevimiento me dispongo a dormir.
Marta: ¡Pedro!
Yo abro los ojos y la veo frente a mí, casi a punto de besarme. Verla tan cerca activa mi deseo de besarla. Los labios volvieron a unirse. Los besos fluyeron como el agua del arrollo, unas veces lentos y otras veces desbocados. Dimos más vueltas que un trompo en aquellos colchones. Las manos jugaron al gato y al ratón. La sabiduría tántrica aportó una larga satisfacción y la imaginación inauguró los nuevos, ocultos y prohibidos secretos de que no figuran en el famoso libro asiático de las posturas. No menos importantes fueron los coros líricos que retumbaron en la habitación en los momentos más álgidos de la noche y que acompasaron a los deseos más ocultos que Marta tenía en su interior.
Durante la noche, hubo un momento en el que Marta fue objeto de una obra de arte. Ella en si misma ya lo es, pero algo me mostró que lo era más aun. Lo supe en cuanto la vi aquí, con su torso al descubierto frente a la luz del fuego. Un elemento que moldeó su cuerpo sombreando sus bordes y sus rasgos, matizando las curvas de su anatomía. Un color dorado cubrió su piel como si fuera una lámina de fino oro. El Fuego hizo de ella .....La Escultura Dorada.
jueves, 2 de septiembre de 2010
Rojo en sus labios
Una lectora del blog me ha enviado esta aportación.
Gracias por tu colaboración Jade.
Tras levantarse, sin apenas abrir los ojos del todo
-Ha tenido un sueño muy pesado
Que no se ha disipado todavía-
Se desliza por el jardín.
Sus pies descalzos se humedecen con el rocío.
El otoño anuncia su venida,
Y una flor a medio abrir
Muestra su pureza entre ramitas medio secas.
Una flor única
Y sin igual.
Todavía siente su rostro perfumado,
Sus labios rojos,
Pero no recuerda dónde dejó su vestido nuevo.
Entra en el baño
Y, como casi siempre,
Se descubre una mujer muy bella,
Luciente
En todo su deseo.
Al salir pregunta a su amado
Él le contesta
-“¿la flor?”, “el jardín?”
-“Están igual que siempre”
¿Pero qué sabrá?
¿Qué puede saber?
Yo sé que sus pétalos están ya
De un rojo imperceptible.
viernes, 27 de agosto de 2010
Chan Kong Sang
Su padre lo matriculó en la Opera de Pekíng, donde recibió clases de baile, interpretación, música y Kung Fu. De esta última disciplina adquirió los numeroso movimientos acrobáticos que conocemos hoy en sus películas, aunque para ello debió soportar hasta 19 horas diarias de ejercicio.
Alguien le ofreció un trabajo como figurante en una película. A los 17 años trabajó como doble en dos películas de Bruce Lee "Fist of Fury" y "Enter de Dragón".
Tras la muerte de Bruce Lee muchos le vieron como su sucesor, pero Chan sabiendo que era dificil encasillarse como la sombra de una leyenda decidió dar un giro cómico en sus películas, cogiendo como referencia a Buster Keaton. Así fue como comenzó su gran exito en el celuloide.
A traves de su filmografía Chan presenta un estilo propio de las artes marciales, donde las acrobacias y el tono de humor son sus armas principales para conquistar al público. Es frecuente ver como en las escenas de acción usa cualquier objeto a su alcance para luchar contra sus enemigos.
Como curiosidad se ha de comentar que en China existe una tradición, que consiste en dar a una persona distintos nombres, en su caso Kong Sang que significa "Nacido en Hong Kong". También se le conoce por su nombre en cantonés Sing Lung.
En este video muestro algunas de las escenas de su larga lista de películas, entre las que ha sido figurante, guionista, productor, director y como no actor.
sábado, 21 de agosto de 2010
Te Henua´enana.
Hola:
En primer lugar, gracias a tod@s quiene siguen el blog, desde E.E.U.U., Canadá, Reino Unido, Alemania y también desde España.
Les dejo un video sobre Las Islas Marquesas, concretamente de Nuku Havi, la isla mas grande de las que conforman el grupo norte. Este video lo realizo a través de una sugerencia de una lectora del blog. Gracias a esto he aprendido algo sobre este lugar paradisiaco.
¡¡Nunca me acuesto sin aprender algo nuevo!!.
¡Que lo disfruten!
En primer lugar, gracias a tod@s quiene siguen el blog, desde E.E.U.U., Canadá, Reino Unido, Alemania y también desde España.
Les dejo un video sobre Las Islas Marquesas, concretamente de Nuku Havi, la isla mas grande de las que conforman el grupo norte. Este video lo realizo a través de una sugerencia de una lectora del blog. Gracias a esto he aprendido algo sobre este lugar paradisiaco.
¡¡Nunca me acuesto sin aprender algo nuevo!!.
¡Que lo disfruten!
miércoles, 11 de agosto de 2010
La visita (6ª parte y última parte)
Haru y yo nos miramos. Delante de nosotros, en el suelo, había un sobre. Era de color marrón. A nuestro alrededor no había nadie. ¿Quien lo había dejado allí?
Me acerqué y lo recogí. Estaba un poco húmedo. Levanté la pestaña y miré en su interior. Extraje un folio plegado. Haru se acercó. El papel estaba escrito en mandarín. De nuevo nos miramos extrañados. Con el papel en la mano entramos en la casa, cerramos la puerta y fuimos a la estancia principal. Me senté en mi futón. Haru también se sentó y me miró con cierto nerviosismo.
Haru: ¿no vas a leer la carta?
Chenzhen: Pues si, pero creo que esta carta no contiene una información agradable.
Haru: ¿Por qué dices eso?
Chenzhen: Si te das cuenta viene en un sobre marrón, un color oscuro. También está bastante plegada, como si trataran de guardar o esconder su contenido.Quien la ha escrito evita estar presente, por lo que es posible que se trate de una noticia no muy agradable.
Haru: Es posible Chen, pero... si no lees la carta no lo sabremos, ¿verdad?
Chenzhen: Si, tienes razón, jajaja. Veamos.
Haru se acomodó para escuchar mi lectura. Yo con una habilidad un poco en desuso comencé a leer y traducir el mandarín escrito con un Xuan (pincel con que se realiza la caligrafía china) cuyos precisos trazos me ayudaban a descifrar el contenido de aquellos símbolos.
Frío. Sentí un pequeño mareo. Abrí los ojos, parecía como si los hubiera tenido cerrados mil años. Delante de mi, en la mano, tenía mi taza de té. Estaba tan fría como yo mismo. ¿Que me ha pasado? Tenía un leve dolor en la espalda e incluso en el brazo derecho, seguramente por el tiempo que lo había tenido inmóvil con la taza en la mano y esta apoyada en el muslo derecho. ¿Cuanto tiempo he estado así?
Noté que algo no era lógico. Dejé la taza de té en la mesa. Al hacerlo, me di cuenta de que la carta no estaba. No entendía nada. Recuerdo tenerla en mi mano y leerla. La siguiente reacción fue buscar a Haru. En la estancia no estaba. Me levanté despacio. Los músculos y las articulaciones estaban rígidos. Me desplacé hasta la cocina. No había nadie. ¡Haru!, exclamé con voz moderada, pero nadie respondió. Volví a la estancia e intenté buscar la carta, pero sin éxito. Me dí cuenta de que en la mesa solo estaba mi taza de té. Pero... ¿y la taza de Ella? ¡Un momento! De nuevo me dirigí a la cocina, pero esta vez con un paso más ligero. ¿Donde estaba la cena que habíamos preparado Haru y yo? La mesa de la cocina estaba limpia, recogida, no había ni rastro de la cena ni de ningún signo de que allí se hubiera preparado algo. Pensé, ¿me estoy volviendo loco? ¿habrá sido un sueño?
Después de mi última pregunta todo comenzó a tener sentido. En la estancia principal solo estaba mi taza de té, aquella que me transportó de un pensamiento a otro y ese al siguiente.... No había rastro de la taza de té de Ella. Tampoco estaban los colchones de plumas confeccionados con algodón natural. Haru nunca vino a visitarme y Ella... Ella nunca existió. Bueno, por lo menos físicamente, pero si en mi sueño. ¡¡Que real había sido este sueño!!
Al darme cuenta de mi confusión decidí recoger mi taza de té y llevarla a la cocina. Un paso, luego otro, otro más. Mientras caminaba pensé, ¡En fin, ha sido un sueño agradable y fantasioso!. Otro paso, otro...
Chenzhen: ¡¡Aufff!!
Algo golpee con mi pié. El golpe hizo que aquel objeto rodara por el suelo. Me acerqué despacio.Miré al suelo sin agacharme. En ese momento la taza de té, en un movimiento a cámara lenta, se soltó de los dedos de mis manos. Fue cayendo en medio del espacio que separaba mi mano del suelo. Al llegar abajo, rebotó sin romperse, haciendo un ruido seco con varias réplicas por el rebote. Yo casi que ni me enteré. A mi me había sorprendido más el hallazgo. Tenía frente a mi un objeto que se llevó mis palabras, mis pensamientos y había concentrado toda mi atención. Un colgante.
El Fénix de "Yu".
Fin
Me acerqué y lo recogí. Estaba un poco húmedo. Levanté la pestaña y miré en su interior. Extraje un folio plegado. Haru se acercó. El papel estaba escrito en mandarín. De nuevo nos miramos extrañados. Con el papel en la mano entramos en la casa, cerramos la puerta y fuimos a la estancia principal. Me senté en mi futón. Haru también se sentó y me miró con cierto nerviosismo.
Haru: ¿no vas a leer la carta?
Chenzhen: Pues si, pero creo que esta carta no contiene una información agradable.
Haru: ¿Por qué dices eso?
Chenzhen: Si te das cuenta viene en un sobre marrón, un color oscuro. También está bastante plegada, como si trataran de guardar o esconder su contenido.Quien la ha escrito evita estar presente, por lo que es posible que se trate de una noticia no muy agradable.
Haru: Es posible Chen, pero... si no lees la carta no lo sabremos, ¿verdad?
Chenzhen: Si, tienes razón, jajaja. Veamos.
Haru se acomodó para escuchar mi lectura. Yo con una habilidad un poco en desuso comencé a leer y traducir el mandarín escrito con un Xuan (pincel con que se realiza la caligrafía china) cuyos precisos trazos me ayudaban a descifrar el contenido de aquellos símbolos.
Ni Hao ChenZhen:
Soy... ya sabes quien soy. Aquella mujer que llamó a tu puerta, que hizo sonar el timbre, la del pelo negro, ojos brillantes, sonrisa amable, una blusa roja, un pantalón vaquero y unos zapatos rojos... ¿recuerdas?
He estado en tu casa y me has llevado a ese rincón lleno de vida. Nos hemos reído, e incluso hemos conocido a Haru. Hemos estado juntos disfrutando de todo lo que imaginas, con sensaciones tan fantásticas que hasta parecían reales, describiendo en todo momento cada paso milimétrico que ha dado tu pensamiento. Ha sido una grata experiencia. Pero los dos sabemos que en la vida las cosas no perduran por siempre, sino que cambian constantemente. Por esta razón escribo esta carta.
Quizás nunca hayas tenido una visita que parezca tan real como la que has vivido, pero es solo eso, una visita que he querido hacer en tu pensamiento. No se si podrás entenderlo, pero la razón por la que te he visitado no puedo desvelarla aún. Con el tiempo entenderás que hay momentos en la vida en los que ocurren cosas como consecuencia de otras, pero también algunas ocurren con algún propósito concreto. Toma mi visita como una pequeña muestras de lo que queda por venir.
Quizás nunca hayas tenido una visita que parezca tan real como la que has vivido, pero es solo eso, una visita que he querido hacer en tu pensamiento. No se si podrás entenderlo, pero la razón por la que te he visitado no puedo desvelarla aún. Con el tiempo entenderás que hay momentos en la vida en los que ocurren cosas como consecuencia de otras, pero también algunas ocurren con algún propósito concreto. Toma mi visita como una pequeña muestras de lo que queda por venir.
Chenzhen, la carta que lees es para despedirme. Te conozco desde el principio. Desde que estabas sentado en el futón donde estás ahora, frente a la mesa .Un suave olor emanaba de la taza de té. Esa fragancia te transportó a un pensamiento, de este a otro, de ese al siguiente, así hasta que... Aproveché que tomabas el té para adentrarme en tus sueños, en tu imaginación. Ahora ha llegado el momento de despertar.
No es necesario olvidar lo que has vivido en tu sueño, pero si es el momento de volver a tu té, a los amigos, a la familia, al trabajo, en definitiva a la vida tal cual es. Posiblemente no desees que esto termine, pero los dos sabemos que ha de ser así.
Cuídate Chenzhen.
Adios
Frío. Sentí un pequeño mareo. Abrí los ojos, parecía como si los hubiera tenido cerrados mil años. Delante de mi, en la mano, tenía mi taza de té. Estaba tan fría como yo mismo. ¿Que me ha pasado? Tenía un leve dolor en la espalda e incluso en el brazo derecho, seguramente por el tiempo que lo había tenido inmóvil con la taza en la mano y esta apoyada en el muslo derecho. ¿Cuanto tiempo he estado así?
Noté que algo no era lógico. Dejé la taza de té en la mesa. Al hacerlo, me di cuenta de que la carta no estaba. No entendía nada. Recuerdo tenerla en mi mano y leerla. La siguiente reacción fue buscar a Haru. En la estancia no estaba. Me levanté despacio. Los músculos y las articulaciones estaban rígidos. Me desplacé hasta la cocina. No había nadie. ¡Haru!, exclamé con voz moderada, pero nadie respondió. Volví a la estancia e intenté buscar la carta, pero sin éxito. Me dí cuenta de que en la mesa solo estaba mi taza de té. Pero... ¿y la taza de Ella? ¡Un momento! De nuevo me dirigí a la cocina, pero esta vez con un paso más ligero. ¿Donde estaba la cena que habíamos preparado Haru y yo? La mesa de la cocina estaba limpia, recogida, no había ni rastro de la cena ni de ningún signo de que allí se hubiera preparado algo. Pensé, ¿me estoy volviendo loco? ¿habrá sido un sueño?
Después de mi última pregunta todo comenzó a tener sentido. En la estancia principal solo estaba mi taza de té, aquella que me transportó de un pensamiento a otro y ese al siguiente.... No había rastro de la taza de té de Ella. Tampoco estaban los colchones de plumas confeccionados con algodón natural. Haru nunca vino a visitarme y Ella... Ella nunca existió. Bueno, por lo menos físicamente, pero si en mi sueño. ¡¡Que real había sido este sueño!!
Al darme cuenta de mi confusión decidí recoger mi taza de té y llevarla a la cocina. Un paso, luego otro, otro más. Mientras caminaba pensé, ¡En fin, ha sido un sueño agradable y fantasioso!. Otro paso, otro...
Chenzhen: ¡¡Aufff!!
Algo golpee con mi pié. El golpe hizo que aquel objeto rodara por el suelo. Me acerqué despacio.Miré al suelo sin agacharme. En ese momento la taza de té, en un movimiento a cámara lenta, se soltó de los dedos de mis manos. Fue cayendo en medio del espacio que separaba mi mano del suelo. Al llegar abajo, rebotó sin romperse, haciendo un ruido seco con varias réplicas por el rebote. Yo casi que ni me enteré. A mi me había sorprendido más el hallazgo. Tenía frente a mi un objeto que se llevó mis palabras, mis pensamientos y había concentrado toda mi atención. Un colgante.
El Fénix de "Yu".
Fin
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